La aventura … es ser feliz!

Casi siempre muestro la meta,
pero no retrato el camino.

Enseño el objetivo alcanzado,
el más o menos premio logrado,
pero no suelo ilustrar esos otros momentos,
que quedan en el archivo emocional.

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– Si he hablado de ellos,
pero no es algo que halla enseñado en fotos mucho,
porque normalmente corresponden a sensaciones,
a la parte más pura y etérea,
a esos instantes en donde no coges la cámara,
y sin embargo estas rodeado de emociones,
que te hacen vivir
y te descubres sonriendo,
y te das cuenta nada más que por eso valió la pena,
porque simple y llanamente eres feliz.

– Este es uno de esos instantes que no pude congelar in-situ,
ese momento e instante era para guardarlo en el alma.

Pero el destino y la voluntad,
me brindaron la oportunidad de saldar la deuda personal
y trasladar en realidad,
tan solo 24 horas después.

– Os pondré en antecedentes:
El día anterior, mi instinto me decía no salgas aun
pero vigila las tormentas que se gestan por si deciden moverse de norte a sur,
y al caer la tarde las puedes coger acercándose a ti,
brindándote la oportunidad de quizás lograr coger rayos de noche.

Mi instinto susurraba y mi parte racional callaba,
no había conflicto aparente.
Lo que otras veces es cierta garantía de sino suerte,
si al menos de jugar la partida.

Y sin embargo se unió un invitado inesperado que no suelo conocer
y menos invitar a ninguna fiesta, la pereza.

El calor de esos días,
las opciones pequeñas que había,
no estar fino físicamente
y notar el cansancio de los kms de días pasados;
podrían ser buenas escusas.

Pero cuando eres tú a ti mismo al que pretendes engañar,
y sabes que la balanza la va a inclinar el corazón sin escuchar a la razón,
es una mala alianza la del engaño.

No, fue una decisión idiota, el no confiar en mi.
Lo justo y oportuno era poner de mi parte,
lo único que podía hacer y que suele ser mi religión,
simplemente creer e intentar estar,
por si empieza la función.

Intentar elegir el escenario y dejar a los actores crear,
y yo solamente admirar y dar las gracias,
porque he podido desde bambalinas verles en exclusiva,
en una danza que nunca deja de impresionarme y de sorprender a mis sentidos.

-Así de tal forma fue la cosa que el destino hizo que la posibilidad no solo fuera,
sino que ademas se prestara a gestar una de esas inesperadas sorpresas,
que hacen que aun si cabe, ames más esta pasión.

(Y ahora sacare un poco de la parte técnica,
de esa parte de ciencia y de experiencia,
que hace que poco a poco aprendas casi sin darte cuenta.
De esa parte de la que no suelo hacer gala en los relatos.
Perdonar quienes se pierdan en los términos)

* Sin que aparentemente la situación fuera proclive para la organización de las tormentas.
* Sin entornos que favorecieran estructuras aparentemente muy fotogenicas, y
mucho menos espectaculares.
* Tormentas que aparentemente serian secas,
sin apenas niveles de humedad y por tanto de base alta,
con lo que se limitaban al aparato eléctrico,
Reventones pequeños y localmente algo de agua y granizo.
* Sin entornos claros de Helicidad ni Cizalladura.
* Y sin embargo la magia pura y dura de la atmósfera,
hizo que a nivel muy Mesoescalar encontrara un resquicio y empuje Orografico.
Incluso que posiblemente llegara viento húmedo y se diera algún tipo de convergencia,

La cosa es que no solo se formo una gran tormenta,
o una tormenta visualmente elegante y hermosa,
es que se gesto una bestia parda llamada Tormenta Severa tipo Supercell,
y ademas de las que llamamos grandes y de Alta precipitación.

– Estaba mezcla cabreado conmigo mismo,
mezcla la sensación de sorpresa,
empujado por el apremio a intentar alcanzarla.
Pero me faltaron 20´ o simplemente creer en mi intuición.

Esa historia ya la contare bien contada,
que espero sea la de una lección aprendida por bastante tiempo.

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Ese mismo día mas tarde, mientras regresaba de esa aventura,
con la sensación de fracaso y cabreo personal,
por no estar donde hubiera podido estar;
por no haber hecho las cosas como,
de diferente manera me fue susurrando durante el antes,
al oído la intuición,
el instinto o hasta el corazón de la experiencia.

De pronto me vi a mi mismo sonriendo al caer en la cuenta,
de que si bien no había conseguido hacer lo extraordinario que roce,
y que estaba esperando me diera cuenta de que me llamaba;
si que había vivido una aventura.

Que aun estaba regresando de ella,
y con más de una anécdota, sonrisas y momentos hermosos vividos.

Que la adrenalina había fluido,
que había sentido emoción y
que había vivido momentos inmensos,
solo que sin un premio que no supe leer para lograr atrapar.

Que aun estaba volviendo de la aventura,
una diferente de lo que hubiera imaginado
y que precisamente eso mismo forma parte de la aventura,
de la que siempre digo,
y que simplemente ese día, lo había olvidado,
quizás presionado por la obstinatez
de quien pierde el punto de referencia cabreado.

– Y caí en la cuenta de la aventura que suponía,
el estar cruzando la sierra de noche, de madrugada.

Solo, con un olor a sierra y a noche fresca que se esconde al verano.
A pino, a encina y a tierra misma que descansa del calor.

Escuchando mi música, repasaba el día ya de otra manera,
y entonces surgió acompañando a la sorpresa,
lo extraordinario que nunca se cuenta.

Me cruzaron liebres,
conejos y sus crías,
y ya fui más atento si cabe y con sumo cuidado conduciendo.

y vi salir a mi paso o mirando entre los arboles,
o simplemente dejándose ver e inmóviles en la cuneta,
cabras montesas y creo incluso algún ciervo.

Ya había recobrado el sendero,
sonreía siendo consciente,
que era feliz y era para estar agradecido de nuevo,
porque al fin y al cabo estaba viviendo una aventura nueva,
y precisamente salí a eso ,
aunque a veces sea la parte más inconsciente la que lo sepa.

Y entonces tras atravesar casi 18 kms de bosque, en donde todos piensan solo hay desierto;
cuando llegue al puerto de montaña que señala el ascenso a Calar Alto,
o el descenso a las faldas del desierto,
de pronto sucedió algo tan mágico,
que me hizo pararme de golpe,
abrir la boca y los ojos,
y ponerse los pelos de punta de toda la piel.

Al empezar a bajar salí del bosque,
y el cielo me recordó donde estaba.

Al salir a cielo abierto, se podía ver una cúpula celestial como ni os podéis imaginar.

Pare el coche un instante, apague las luces y me quede extasiado viendo unas estrellas como no recordaba
y suelo ponerme a verlas cuando se me hace de noche de viaje.

La Vía láctea se veía perfectamente,
millones de estrellas dispersas en el resto del oscuro firmamento,
y a los pies el desierto.

Una oscuridad arriba y abajo que parecía te hacía flotar.

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Y lo único que te hacia coger referencia de si flotabas o estabas sobre tierra,
eran las luces de las pequeñas poblaciones mas abajo,
la ciudad al fondo y lamiéndola el mar que era una lengua negra.

No sabría describir lo que sentí,
pero solo por ese instante y trayecto por el bosque,
solo por sentirme un privilegiado viendo ese cielo hay solo,
en mitad de donde nadie cuerdo andaría,
me sentí de golpe el mas sensato y menos loco,
de todos los cuerdos que andan por ahí.

Solo por ese momento valía la pena los kms del día.

– De ese cielo aquella noche no hice fotos,
esas las hicieron esa noche mis ojos para mis adentros,
aunque llevara el equipo.

Pero curiosidades y no tantas que ya contare,
hicieron que al día siguiente tomara estas fotos,
bajando de Calar Alto en Almería,
para robarles un poco de polvo de magia a las estrellas,
de polvo de sueños para la fe, en uno mismo.
———————————————–
La Parada del Stormchaser
Calar Alto, Almeria
Junio de 2017

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