¡El camino iluminado! (Primera parte)

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– De todos los sistemas de almacenaje de memoria,
la fotografía sigue siendo mi preferido.

¡Es algo que aun me sorprende, el comprobar,
como es capaz de comprimir tantas emociones!

¡Y como a la vez, logra representar en un conjunto,
tantas y tan diversas sensaciones!

¡Retener con la ayuda de la luz,
esa voluntad, esas ganas,
ilusión y voluntad!
me sigue pareciendo algo mágico,
especial y que trasciende del tiempo,
y hasta en lo físico,
logrando atravesar la barrera de la piel,
adhiriéndose y creciendo en nuestro interior.

¡Es fascinante, hasta el punto mismo,
de lograr desbordarse,
desde dentro y a través de uno mismo!

Cuando uno tiene delante esas imágenes
y recuerda todo en cascada.

– Antes de que acabase el año quería hacer algo especial,
y la naturaleza me dio la oportunidad,
con este maravilloso regalo.

La madrugada del pasado día 17 de Diciembre,
poco antes de que el amanecer borrase cualquier prueba,
de ese espectáculo, del que había sido único testigo.

Este reportaje iba a ser un resumen,
de ese episodio de inestabilidad,
que se iniciaba precisamente con estas fotos,
como aperitivo de lo que sucedería horas más tarde.

Un episodio histórico con un temporal
que hacía entre 25 y 30 años no se repetía.

Pero sobre la marcha decidí que no quería que fuese solo eso,
que quería que tuviera su propia voz.

Que pudiera forjar su propio mundo,
porque las fotos tenían demasiado que contar,
como para limitarse a ser acompañantes de una historia.

Quería que ellas mismas fueran una historia
y me he decidido por dejarlas hablar.

Y las palabras que se arremolinan en mi mente,
son tan solo la manera de lograr transmitir,
lo que están dispuestas a contar:

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– Los tiempo de impás se me hacen eternos,
mientras logro ir ascendiendo,
por los escarpados acantilados de la razón.

Buscando la senda oculta y enigmática,
que a cada paso me acerca un poco más,
para lograr contemplar ese escenario oculto.

Un océano titanico de emociones y fantasía,
donde zarpan todos los barcos que lo navegan más allá,
por donde la razón no se atreve.

Y al mando de cada navío un sueño,
un conquistador, que suelta velas,
para ver cual lejos es capaz de llegar,
y cual cerca es capaz de conseguir traer de regreso,
las emociones de ese sueño, ya cumplido.

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Almería, Spain, 2016
– La parada del Stormchaser –

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