¡Prenderse, primera parte!

– ¡Me cito de madrugada!
cuando la noche aun campaba a sus anchas por el mundo.

¡Me insinuó que era importante!
algo no aplazable más el vernos.

¡Y cuando me tenia delante,
pero yo aun no podía verla!
me dijo que añoraba terriblemente,
que volviera mi mirada.

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– ¡Esa que descubre,
que investiga,
que atraviesa!

La que encuentra las puertas y ventanas escondidas,
a esos lugares camuflados en lo cotidiano,
que viven furtivos a las miradas del mundo.

– ¡Esa mirada!
la misma que consigue esa explosiva y extraña mezcla,
de calma y a la vez intensidad.

¡Repleta de ansias de descubrir!
de ir un paso más más allá.
De superar todos los obstáculos.

Aquella donde aun se encuentran,
protegidas y escondidas,
la inocencia y la pureza.

– Y me dijo que iba a hacer algo para que abriera los ojos,
para devolver la llama a mi fuego interior.

¡Ese que se ve a través de lo ojos!

¡Ese que radia ilusión,
voluntad, fuerza y coraje!

¡Ese capaz de apartar la oscuridad,
la que conquista, escandia y atrapa!

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– Me dijo que, ¡ya no soportaba aquel rumor!

Ese que le llegaba en la distancia,
que le hacía estremecer,
al ver que yo ya no brillaba.

– Y así fue como empezó todo, aquella madrugada,
en los limites en que despierta el alba,
para darle un beso a la noche,
y para sonreír a los vagamundos
para los que contemplar solo uno,
no es suficiente para paliar su sed.

– Así fue como comenzó,
cuando decidiste prenderte e incendiarte por los dos,
por que veías que yo ya no brillaba.

Que mi cerillas se habían empapado en lagrimas
y no conseguían terminar de encender.

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– Yo me consumía en la pena
y tú acudiste a rescatarme,
y te incendiaste para radiar belleza,
e intentar que tu fuego nos extinguiera a lo dos,
para purificarme el espíritu que estaba herido.

¡Cuando eres puro fuego y no logras prender!
sientes que te falta algo,
que estas incompleto,
y que no estas haciendo lo que debes hacer.

¡Cuando sientes que la llama se ha apagado,
y no consigues encenderla!
se entremezclan nostalgia y pena,
con la rabia que ofrece la frustración.

¡Y se desvanece el calor!
¡y te sumerges en un frío extraño,
de insípido transcurrir!

Donde el mundo te parece ajeno
o quizás más bien, tú,
ajeno al resto del mundo.

– Y me decías en aquella melodía,
para la que las notas aun no han sido descritas,
¡que no cerrara los ojos!

¡Que apaciguase mi corazón con aquel regalo!

¡Que confiara porque las cosas mejorarían!
porque el camino oscuro pronto dejaría de estarlo.

¡Y que volviera!

¡Que volviera a brillar!
para poder iluminar mi propio camino
y espantar a mi propia sombra,
que traicionera,
se había empeñado en ponerse delante.

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– Y me decías, mientras te desnudabas,
mientras comenzabas a arder,
¡tan solo para dar calor!
¡tan solo para deshacer las sombras!
¡tan solo, por volver a verme, brillar!

* Me incendie para prenderte junto tus recuerdos,
para que se consumieran y solo quedaran cenizas.

– Y yo recuerdo bien aquellas palabras,
cuando aquella mañana despuntaste radiante y con fuerza.

En aquel bello beso de quien quiere que renazcas.
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21 Noviembre, Almería (España)
– La parada del Stormchaser –

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